El papel de la escuela en la educación

 

Cada día se escucha con mayor frecuencia decir a personas de todo el espectro ideológico que la escuela está para instruir, impartir contenidos, y que la educación es tarea exclusiva de los padres, del entorno familiar. ¿Será, en consecuencia, necesario remover los términos “Ministerio de educación”, “educadores y educadores”, “Ciencias de la educación” y similares, todos ellos referidos a la regulación de lo que conforma el ejercicio de la función docente en los centros de enseñanza.

Educar, del latín educere significa “conducir fuera de” “extraer de dentro hacia fuera” de esta posición, la educación se entiende como el desarrollo de las potencialidades del sujeto basado en la capacidad que tiene para desarrollarlas. Los planes de estudio de la carrera docente incluyen, además del conocimiento en materias de arte, medio ambiente, lenguaje, matemáticas, física y química, etc. la adquisición de herramientas para el conocimiento de la personalidad infanto-juvenil, en los más variados matices y expresiones de su diversidad desde diferentes escuelas. También es troncal la materia de pedagogía [Ciencia que estudia la metodología y las técnicas que se aplican a la enseñanza y la educación, especialmente la infantil.

“la pedagogía contemporánea está relacionada con la psicología y con la sociología”].

Para implementar los mejores planes de formación integral en las escuelas, hace treinta años la Reforma Educativa estableció que al impartir cualquier materia el profesor debía enriquecer transversalmente la docencia con la educación en valores. ¿Cuáles? Aquellos recogidos sumariamente en educación para la ciudadanía y que tienen que ver con el respeto a lo diverso, la solidaridad, el cuidado del medio común, la observancia de las normas que nos damos para convivir armónicamente, la defensa de los derechos humanos contenidos en la Declaración Universal, la adhesión a las leyes encaminadas a garantizar el derecho a acceder en igualdad de condiciones a las prestaciones públicas y al estado de bienestar, el cuidado y la defensa de la casa común, del planeta, de la paz y otros muchos valores, todos ellos en la esfera cívica. Además, se incidía en la necesidad de entreverar la docencia con la introducción de valores que van más allá de lo cívico y atañen a la riqueza de los individuos tomados de uno en uno, porque de la suma de sus fortalezas se deriva una mayor solidez del grupo: la empatía, el valor, la defensa de las propias convicciones, la flexibilidad, la capacidad de diálogo, la compasión -no confundir con la caridad-, al hecho de creer o no en la existencia de Dios ajena al adoctrinamiento y al dogma, con la sola inspiración del espíritu científico y con la única finalidad de progresar en la consolidación de una sociedad más fuerte, justa, igualitaria, en convivencia pacífica y atenta a todos los escenarios dentro del planeta.

Pero al parecer esa función “educativa” no corresponde a los profesores, que sólo deben instruir. Y ni siquiera en todo. En materias de sexo, de conocimiento de otras realidades, de descubierta de la Historia que jamás se contó, también se ponen vetos. La instrucción es tal si se trata de conocer las propiedades de la bauxita, pero pasa a ser educación en valores cuando toca, al parecer, temas que sensibilizan a cierto sector de la sociedad. Entonces, ¿sólo los padres han de educar a sus hijos en esos temas sensibles o en todos los valores, a elección de los progenitores, en general?

Los docentes se han preparado para instruir y para educar; sus programaciones curriculares no son cosa menor y su actuación está sujeta a control del consejo escolar donde tienen voz y voto profesores, padres, alumnos y representantes de la Administración. Además, su trabajo pasa por inspecciones periódicas.

Pero ¿Se puede garantizar lo mismo intramuros, en los hogares? Muchos padres, probablemente la mayoría, son un ejemplo de dedicación, superación y vocación en el ansia por educar en valores esenciales a sus hijos. Pero, aun en el mejor de los casos lo harán desde la intuición, el cariño, la emoción incluso, no desde el estudio y el conocimiento científico -no digo que sea inexcusable esto-. Pero ¿qué ocurre con los hogares, desestructurados o no- donde se viven climas de violencia, adicciones, maltrato o, sin llegar a esos extremos, donde reinan la desatención y la desafección? O ¿qué ocurre con esos padres, cada vez más numerosos, que realizan trabajos absorbentes en horarios que no permiten la conciliación familiar? ¿Qué ocurre con esos hogares donde se ha instalado el desamor, o el silencio, el absentismo, la soledad compartida o la mentira? También en esos casos todo el peso de la educación recae en los padres limitándose la escuela a instruir. O ¿tienen más patente para educar padres heterosexuales que se odian, o que maltratan dentro del ámbito secreto del hogar que dos padres o dos madres homosexuales o lesbianas. Pues parece ser que para un sector de la sociedad sí, aun en el caso de que la pareja de heterosexuales esté constituida por corruptos. Los que se oponen a la educación en valores consensuados en el consejo escolar dicen querer evitar el adoctrinamiento tendencioso y, sin embargo, no encuentran esa parcialidad interesada de casta en su intento de paralizar el progreso de la sociedad en su camino hacia la libertad y el cultivo de lo diverso y plural para en cambio, por su parte, mejor mantener a la población controlada desde la confesionalidad y el Credo.

Los monitores de las aparentemente más intrascencentes actividades extraescolares no son sino educadores, y no menos importantes. El instrumento puede ser el ajedrez o el fútbol, pero, además de la adquisición de habilidades, la derivada es: integración de niños y niñas en igualdad de oportunidades y roles, cooperación, solidaridad, fuerza que no violencia, imaginación, creatividad, solidaridad, empresa común…

La escuela está para educar complementariamente y en colaboración con los padres. Es una empresa compartida, la de los docentes más apoyada en la transmisión del conocimiento, el estudio, la profesionalidad, la vocación si se quiere; los padres aportarían más desde los sentimientos, la tutoría atenta, la comunicación, el ocio, los retos compartidos… Pero ambos son si no imprescindibles -hay lobos esteparios que han sido felices a su manera y han aportado mucho a la sociedad- sí muy importantes.

 

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© La lengua de las mariposas. Filaffinity

A España de Cine de barrio

Hai unha España que nutre a audiencia de Cine de barrio os sábados pola tarde, ou que ten a ben xuntarse para velos touros que seguen a proxectar unha imaxe anacrónica dun país que, nunha boa parte, está ancorado na vivencia da barbarie como un feito tradicional.

O acceso na etapa infanto-xuvenil a unha pornografía que as máis das veces converte o sexo en escenas de violación, falócratas, donde a muller é un puro obxecto para dar pracer sufrindo está a malformar e perverter dun xeito preocupante aos nosos fillos. Un proceso aínda máis grave tendo en conta que a educación sexual ben orientada desde os mestres nas aulas está en claro retroceso cando non desaparecida.

Logo está a outra pornografía, mal chamado erotismo, filla da época do destape, que agromou trala morte do ditador para satisfacer a fame atrasada dunha sociedade que asomaba a cabeza despois da longa noite de pedra. E esta unha pornografía mental, non menos donosa que a explícita “hardcore”, que aglutina unha serie de valores fillos dos que, en gran parte, son responsables do trato vexatorio que a muller recibe por parte da súa parella:

–       A muller é propiedade do home

–       O home viril vai de putas

–       A muller ten que conquistar ao home a diario

–       A muller ten que satisfacer sempre o desexo carnal do home

–       O home, cansado de traballar, ten dereito a dicir non. A muller ten que estar disposta sempre a cumprir o “vínculo”.

–       Ë natural e mesmo desexable que o home ande detrás doutras mulleres e as piropee. É outra manifestación da virilidade.

–       O home que bebe cos amigos divírtese. A muller é unha fresca polo mal camiño.

–       A esposa ten de ser recatada, sumisa e ruborizarse cando se alude ao sexo, sempre con indirectas.

–       As estranxeiras, por mais que teñan unha figura escultural, son todas unhas frescas , mulleres dunha noite que devecen polos machos ibéricos. Pero, ao fin, os españois aprecian as mulleres do seu ámbito porque son súas, fieis, boas nais, traballadoras e leais, aínda que sexan menos agraciadas. E ademais son manexables, sinxelas e temerosas de Deus. As parellas perfectas para construír familias de ben, para toda a vida.

 

Nesas circunstancias, e diante da competencia que a priori as mulleres españolas ían tendo respecto das turistas, cumpría branquear o exercicio dentro da ética matrimonial das mulleres patrias para sufocar as ansias dos seus homes e, ao parecer, as de elas, rendidas ante os atributos masculinos. A meirande parte dos cines viviron unha época dourada gracias ao destape: Teodoro, métele mano al tesoro, No desearás a la vecina del quinto, Anacleto, enchúfamela bien(la lavadora)… As parellas mesmo xa entradas en anos revivían co afrodisíaco e logo había ruído de sables nunhas vivendas con tabiquería de papel de fumar. Algúns universitarios aloucados acudían a ver películas a un único cine de arte e ensaio que esmorecía expoñendo obras nas que os protagonistas reflexionaban, dialogaban e, sobre todo, mantiñan silencio, lentamente, mentres as butacas ían quedando baleiras, aos poucos.

Hai unha España de mulleres que tachan de feminicidas ás conxéneres que loitan pola igualdade de dereitos e polo derrubamento deses valores que as colocan como obxectos subordinados ao dominio do home. É a España representada na figura de Rocío Monasterio, que coa mesma voz engolada e impostada dos sacerdotes que mollan no padal a hostia consagrada por non mordela e caer en desgraza, quere chamar á recuperación dun maior protagonismo para a muller da peineta baixo palio, da que sufre os rigores do varón coma un cilicio celestial, da que cobra un trinta por cento menos de salario por igual traballo e cala, da que acepta que o seu corpo non lle pertence… E a voz da Colares revivida, da muller que diante do tremor pulsátil do ditador agonizante, suxeitou a pluma que asinaba os mandatos das “execucións” para manter limpa a España dos discrepantes.

 

 

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Fotograma de “Pisito de solteras”, de Jaime de Armiñán, con el inefable José Luis López Vázquez en el papel de obseso sexual, tan enaltecido por los amantes del “género”.